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lunes, 4 de junio de 2012

Parador de Jávea (Xàbia).



Accesos: 7
Aparcamiento: 7
Edificio: 5
Entorno: 7
Habitaciones: 8
Restaurante: 7
Cafetería:
Desayuno: 9
Atención: 9
Servicios: 8

Pensat i fet que dicen en Valencia. Nos surgió la posibilidad de acercarnos a Jávea y allá que nos fuimos a descubrir el parador, situado junto al mar en una de las puntas de la pequeña bahía del Arenal. Ya os podéis imaginar que las vistas y la ubicación son estupendas, aunque no tuvimos mucho tiempo para disfrutarlo.
El acceso al parador es algo confuso ya que desde que llegas a Jávea hasta que atraviesas la zona de apartamentos y comercios no hay muchas señales indicativas. Una vez allí puedes parar en la puerta (aunque hay una línea amarilla que lo prohíbe). Para los superpijos decir que se puede acceder en el propio barco (si no es muy grande).
La atención en recepción y las labores de registro, como en otros paradores, son rápidas y se ofrecen para ayudar con las maletas. Las pocas cosas que necesitamos fueron atendidas muy bien. Hasta nos invitaron a un chupito!!! (luego lo contamos).
La habitación era una doble de matrimonio, la 403, con vistas a la bahía y a los jardines. En realidad creo que la gran mayoría son así. Bastante amplia, cama de 1'50 m. y un pequeño sofá, además de un balcón con mesa y dos sillas. Nos gustó bastante. Costaba 170 euritos con el desayuno incluido. El detalle circle fue agua fresca y una botellita de mistela.
La cafetería apenas la tocamos, aunque tiene una terraza en la zona de los jardines donde se está muy a gusto a la sombrita disfrutando de las vistas y los descarados gorriones y mirlos que habitan allí. El restaurante, también con una terraza, sí que lo probamos y nos dejó un sabor agridulce. Pedimos de entrante unas gambas de la bahía y al cabo de 15 minutos vino el camarero a decirnos que “en ese momento” le avisaban en cocina que no les quedaban gambas. Cambiamos a unas croquetas que vinieron rápidas pero ¡congeladas por dentro!. El camarero se deshacía en excusas y nos las cambiaron por otras. La sensación que nos quedó es que había poco personal (también al día siguiente cuando el parador estaba completamente lleno). Luego el arroz con rape, alcachofas y gamba estaba bueno y el postre de helado de queso también. Finalmente el camarero nos obsequió con unos chupitos para disculpar los fallos que habían ocurrido.
El desayuno contaba con todo lo habitual de paradores a pesar de que fuimos a última hora. Lo que sí que se notaba era la falta de personal que no podía atender a todas las mesas. Este es un punto que deberían cuidar un poquito más.
Los servicios característicos de prensa, internet, etc. A destacar la piscina, aunque para nuestro gusto algo ruidosa porque se oyen los vehículos que pasan por la carretera y a un par de ingleses borrachuzos que nos fastidiaron la siesta. Tienen servicio de toallas.
Por último, el entorno de Jávea ha dejado sensaciones diferentes. Yo lo conozco bastante bien, pero a la friend le defraudó un poco. Hay que tener en cuenta que estuvimos muy poco tiempo y no llegamos a recorrer lo verdaderamente interesante de esta zona: el cabo de San Antonio, el Montgó y las calas de la zona del cabo de la Nao que no tienen nada que envidiar a Ibiza o la Costa Brava.
Concluyendo, que me he enrollado bastante, es el típico parador de costa, antiguo pero remodelado no hace mucho tiempo, en una zona muy turística, pero que conserva algunas calas paradisíacas. Mejor visitarlo fuera de temporada (mayo, septiembre) y evitar agobios.

martes, 3 de abril de 2012

Parador de Limpias


Puntuaciones


Accesos: 3

Aparcamiento: 9

Edificio: 8

Entorno: 10

Habitaciones: 9

Restaurante:

Cafetería: 8

Desayuno: 9

Atención: 9

Servicios: 7


Una nueva estancia en el parador de Limpias, esta vez aprovechando un minipuente. Para nosotros el principal atractivo, que no único, de este parador es su entorno, especialmente las marismas de Santoña y la Chata, que por sí solo ya justifican la visita.

El parador se encuentra en las afueras de Limpias, en un bonito palacio cúbico del siglo XX rodeado por unos preciosos jardines que cuentan con una piscina al aire libre y pista de tenis. Sin ser uno de los paradores que más destaca por su arquitectura, es agradable la sensación de estar en medio de un jardín y el edificio es cómodo, con todo a la mano.

El acceso hasta el parador es fácil desde la autopista y desde Brugos por la nacional, pero una vez dentro se complica la cosa: o bien dejas el coche en el parking de abajo (que está bastante lejos para ir con maletas) o lo subes al aparcamiento superior y debes dejarlo mal aparcado o en doble fila (y eso es algo que me estresa) para ir hasta la recepción y hacer el ingreso. Creo que se podría solucionar reservando un par de huecos en el aparcamiento superior para la llegada y salida de los clientes. Desde el parking hay que subir unos escalones hasta la recepción o acceder por una puerta de servicio lateral si llevas mucho equipaje (suele ser nuestro caso). Hay también un garaje (solicitar plaza en recepción) bastante amplio, no hemos tenido problemas ni en verano para poder dejar el coche.

En recepción la atención es rápida, amable y se ofrece la ayuda con las maletas. Buenas explicaciones del parador y de los servicios disponibles. El personal siempre nos ha dado sensación de profesional y atento.

En este viaje reservamos una doble superior, la 317. Muuuuuy grande, sobre 35 m2 con sofá-cama y dos silloncitos de lectura en el mirador. Realmente una buena habitación. Lástima que la señal de internet sea un tanto fallona, es otro de los defectos de este parador.

Nuevamente como circle recibimos una botella de agua, unos dulces (industriales), pero menos de lo recibido en otros paradores.

El desayuno nos gustó, clásico de paradores, pero con una bollería superior a otros y productos de la zona muy buenos: quesada, anchoas, sobaos. Echamos en falta (no solo en este parador) mermeladas y mantequillas naturales. La cafetería la utilizamos poco, pero de anteriores esancias tenemos un buen recuerdo.

El restaurante no lo podemos valorar. Es algo lógico si tenemos en cuenta que a media hora se encuentra uno de los templos gastronómicos de este país en materia de pescado: la Chata de Isla. Esta vez cayeron un sublime rodaballo y un sargo exquisito. Solo esto ya justifica la visita a la zona. Si se le añaden las marismas de Santoña y Noja donde pudimos ver un buen número de especies interesantes, la playa o las cuevas de la zona del Asón, el entorno se convierte en fantástico atractivo para repetir año tras año.

domingo, 1 de abril de 2012

Parador de Sigüenza





Puntuaciones


Accesos: 8

Aparcamiento: 6

Edificio: 9,5

Entorno: 8

Habitaciones: 9

Restaurante: 6,5

Cafetería:

Desayuno: 7

Atención: 9

Servicios: 8


Hemos estado una noche en el Parador de Sigüenza y en tan poco tiempo nos ha dejado una buena impresión, aunque hay aspectos que esperamos conocer mejor en otras visitas.

El parador está situado en lo alto del pueblo en el antiguo castillo que es, precisamente, su principal atractivo y valor: los salones, el mobiliario, el patio interior y una pequeña capilla románica que se puede visitar. En este sentido es uno de los paradores que más no ha gustado.

El acceso se hace fácilmente y se puede llegar hasta la misma puerta donde esperan unos pocos escalones y un pequeño patio hasta llegar a recepción. Algo incómodo para el tema de las maletas porque no se puede utilizar el carro hasta que estás dentro por el tipo de suelo. Una vez en recepción la atención es correcta, sin esperas, aunque no se ofrecieron para ayudarnos con el equipaje (tampoco lo pedimos).

El aparcamiento es al aire libre, no hay garaje cubierto. Hay unas pocas plazas en el interior de las murallas y una gran plaza en la que se puede aparcar fácilmente.

Reservamos una habitación estándar y la adjudicada fue la 206, grande, con vistas a la plaza y la catedral, sofá y una enorme cama con dosel. Nos gustó y sorprendió lo grande que era. Además en atención a nuestro carácter circle nos esperaba una botella de agua, dos platos de fruta fresca y una bolsa con productos de baño.

Como detalle anecdótico, tuvimos la suerte de asistir al ensayo de una joven pianista del Este, Elizavieta Karaulova, que actuaba el sábado. Fue una pasada oírla tocar el piano en el salón medieval del parador.

El restaurante está en un salón con dos imponentes arcos. El servicio correcto y la comida normal sin destacar especialmente. Probamos unos quesos y el cabrito al horno que no entusiasmó, más o menos al nivel del que probamos recientemente en Sos del Rey Católico. Evidentemente, en una visita fugaz como esta no se puede valorar todo, es una primera impresión.

En el mismo salón se sirve el desayuno típico de paradores, del que destacaría el café, más fuerte que en otros. Como casi siempre, los churros no interesan.

De la cafetería no podemos decir nada y en cuanto a servicios los habituales, con una conexión a internet que funcionaba adecuadamente.

Por último, el entorno. Sigüenza tiene una interesante catedral románico-gótica y un casco antiguo que también merece un paseo. Cerca se encuentra el Parque Natural Barranco del Río Dulce que es bastante interesante, aunque mejor en otoño. Más lejos está la Sierra de Pela (40 minutos) y el Parque Natural de Tejeda Negra (más de una hora).

Resumiendo, un parador que destaca por el marco arquitectónico y un entorno que ofrece una visita interesante.

sábado, 3 de marzo de 2012

Parador de Sos

Puntuaciones

Accesos: 8
Aparcamiento: 5
Edificio: 8
Entorno: 8
Habitaciones: 8
Restaurante: 6
Cafetería: 6
Desayuno: 6
Atención: 8
Servicios: 8

Sos del Rey Católico ha sido un descubrimiento inesperado. Y este hallazgo se debe a nuestros amigos circle que seleccionan cuidadosamente los destinos a visitar. 

El pueblo es precioso y está magníficamente conservado. Pasear por sus callejuelas es una gozada, aunque se echa de menos algo de movimiento. Suponemos que en otras épocas del año habrá más bullicio. El Parador se encuentra en el casco antiguo perfectamente integrado con su entorno.

Room 610
Nuestra habitación, la 610, nos gustó mucho. Era amplia, con cama de matrimonio, una mesita y dos sillones. Sencilla y sin tantos trastos como en otras que hemos visitado que reducían el espacio y dificultaban el movimiento. Como en otros paradores la habitación era silenciosa y tranquila. La vista al campo era agradable, pero vendría muy bien un balconcito al que poder asomarse. En cuanto al baño, era más bien pequeño. Como en Limpias, al ducharse, el agua se sale por todos lados y gran parte del suelo se encharca; lo que hace engorroso el resto de las tareas hasta que lo recogen. 

Cabe destacar que cuando llegamos no habían dejado zapatillas, pero tras solicitarlas nos fueron entregadas rápidamente. 


Ternasco de Aragón
El restaurante lo podemos valorar con criterio porque cenamos tres noches. Pudimos probar gran parte de los entrantes y los platos más emblemáticos. El ternasco resultó bastante bueno, pero no tanto como para repetir otra noche o poder competir con el cordero castellano, según nos ilustraron nuestros friends. El pescado, rodaballo y rape, no nos gustó nada. Los entrantes son aceptables, sobre todo recordamos los quesos. Nosotros destacaríamos especialmente los platos de verdura, como el guiso de borrajas y cardos o estos mismos productos en revuelto. 

Vista exterior de la terraza
La cafetería solo la visitamos una tarde y nos resultó agradable, y la carta de bocadillos y pinchos era atractiva. Lo mejor de la cafetería es la maravillosa terraza, pero no nos atrevimos a salir, aunque no hacía frío en exceso. En primavera y otoño seguro que se puede disfrutar plenamente. Como se ha comentado en otra reseña sobre este parador, pudimos tomarnos unas copas en un salón bastante acogedor y que disfrutamos nosotros solos. Aunque los gin-tonic no eran en ningún caso nada del otro mundo. Lo cual no fue óbice para pasar unas muy buenas veladas de conversación

Por las mañanas el desayuno era servido en la misma sala del restaurante, con las magnificas vistas que ofrece la terraza. Este desayuno es algo irregular. No nos ha gustado nada el pan; ni el tipo de pan ni el hecho de que estuviera como pretostado en rebanadas muy finas. Tampoco responde a las expectativas el zumo de naranja, muy artificial. El tomate rallado para las tostadas variaba de un día a otro, sin ser bueno ningún día. Los churros eran penosos, como en todos los paradores visitados, y en el apartado de la bollería, faltaban croissants grandes y de calidad. La oferta de fruta tampoco nos pareció adecuada. Por otro lado el jamón era excelente, los aceites muy buenos y el café resultó mejor que en otros paradores. Otros productos como lácteos, dulces y embutidos también eran de gran nivel. 

Entramos ahora en el terreno de las tiquismeces. Una tarde visitamos una sala de juegos, donde se encontraba la mesa de billar. La sala dispone de hilo musical con cuatro emisoras, aunque solo funcionaba una. También dispone de varías zonas y una enorme televisión. Si bien nos pareció fantástico poder jugar al billar y además completamente solos; pensamos que el estado de la mesa no responde a un hotel de cuatro estrellas, y más si es un billar de pago.

El entorno y las excursiones merecen otra entrada; pero como anticipo diremos que las visitas campestres han sido muy interesantes; y las de tipo cultural han tenido más sombras que luces, sin perder, en todo caso, el interés. 

Sos y su parador nos han dejado un magnífico sabor de boca. Un pueblo y un hotel para descansar. Y que permite también, como hemos comprobado, realizar buenas excursiones, a costa, eso sí, de realizar algunos kilómetros con el coche. 



Reseña finalizada el 3 de marzo de 2012

miércoles, 29 de febrero de 2012

Sos del Rey Católico

Puntuaciones:

Accesos: 8

Aparcamiento: 6

Edificio: 7

Entorno: 8

Habitaciones: 7

Restaurante: 7

Cafetería: 8

Desayuno: 7

Atención: 8

Servicios: 8

Recientemente estuvimos unos friends en el parador de Sos del Rey Católico, una villa que conserva muy bien y con encanto el aroma de su pasado medieval. Es este un parador clásico y tradicional que ofrece las comodidades habituales de paradores sin destacar especialmente, pero con un buen tono medio.

El acceso al parador es fácil, con el coche hasta apenas unos metros de la puerta. El garaje es muy pequeño (solo 5 plazas), aunque hay aparcamiento descubierto en las cercanías. La recepción y atención en la llegada adecuada con información de la zona y solución a pequeños problemillas.

En cuanto a las habitaciones, nos tocó la 605, que tiene un tamaño no muy grande (sin poder decir que era pequeña) y una ventana con balcón francés (vamos, sin balcón). El baño típico de paradores, con unas bombillas que recordaban un camerino. La cama cómoda, aunque no de matrimonio.

El restaurante ha dejado opiniones contradictorias. En general, las carnes y verduras están en buen nivel, no así los pescados, que llegan justo al aprobado. De los entrantes nos gustaron los quesos y los patés. Los postres tienen un buen nivel y el vino fue un buen rioja reserva que nos ofrecieron como sustituto del recomendado que se había agotado.

La cafetería también nos gustó, supongo que por esos gin-tonics servidos en el salón cercano en el que departimos y algunos cabeceamos un poco. Fueron ratos muy agradables. Quizás el desayuno dejó un sabor agridulce: los churros mejor no probarlos, el jamón en un alto nivel, el zumo sospechoso de proceder de polvos, el pan ¿pretostado?.

En cuanto al entorno, Sos tiene un aspecto medieval muy bien cuidado que justifica la visita, aunque queda un poco apartado de todo. Sangüesa está a 15 km y merece una visita. A media hora está el castillo de Javier, bonito por fuera, pero un poco timo por dentro. Algo más lejos el monasterio de Leyre, del que recomendamos la visita a la cripta y el entorno es bastante chulo. Algo más lejos las foces de Lumbier (imprescindible el paseo), Arbaiun y la de Burgui (esta última tiene un mirador con una ermita, al que no subimos). A más de una hora el valle del Roncal y los Pirineos, con posibilidad de hacer esquí de fondo o raquetas. En Roncal hay un barecete junto al río donde comimos muy bien y a buen precio (mae mía qué migas y tortilla y qué pinta el chuletón). Ahora recuerdo su nombre, Suargi, lástima que lo traspasen.

Resumiendo, Sos queda un poco lejos, pero una estancia de un par de días vale para conocer algunos lugares interesantes. Además, el parador lo encontramos muy tranquilo (supongo que la temporada es bastante baja) y cómodo para descansar sin agobios.

Por último, era nuestro estreno de la tarjeta Círculo Amigos de Paradores. Cada tarde teníamos un detalle en la habitación: un cóctel, unas frutas confitadas y una lámina del parador. Ah, y el desayuno gratis. Es lo que tiene ser circle ...