Accesos:
7
Aparcamiento:
7
Edificio:
5
Entorno:
7
Habitaciones:
8
Restaurante:
7
Cafetería:
Desayuno:
9
Atención:
9
Servicios:
8
Pensat
i fet que dicen en Valencia. Nos
surgió la posibilidad de acercarnos a Jávea y allá que nos fuimos
a descubrir el parador, situado junto al mar en una de las puntas de
la pequeña bahía del Arenal. Ya os podéis imaginar que las vistas
y la ubicación son estupendas, aunque no tuvimos mucho tiempo para
disfrutarlo.
El
acceso al parador es algo confuso ya que desde que llegas a Jávea
hasta que atraviesas la zona de apartamentos y comercios no hay
muchas señales indicativas. Una vez allí puedes parar en la puerta
(aunque hay una línea amarilla que lo prohíbe). Para los superpijos
decir que se puede acceder en el propio barco (si no es muy grande).
La
atención en recepción y las labores de registro, como en otros
paradores, son rápidas y se ofrecen para ayudar con las maletas. Las
pocas cosas que necesitamos fueron atendidas muy bien. Hasta nos
invitaron a un chupito!!! (luego lo contamos).
La
habitación era una doble de matrimonio, la 403, con vistas a la
bahía y a los jardines. En realidad creo que la gran mayoría son
así. Bastante amplia, cama de 1'50 m. y un pequeño sofá, además
de un balcón con mesa y dos sillas. Nos gustó bastante. Costaba 170
euritos con el desayuno incluido. El detalle circle fue agua fresca y una botellita de mistela.
La
cafetería apenas la tocamos, aunque tiene una terraza en la zona de
los jardines donde se está muy a gusto a la sombrita disfrutando de
las vistas y los descarados gorriones y mirlos que habitan allí. El
restaurante, también con una terraza, sí que lo probamos y nos dejó
un sabor agridulce. Pedimos de entrante unas gambas de la bahía y al
cabo de 15 minutos vino el camarero a decirnos que “en ese momento”
le avisaban en cocina que no les quedaban gambas. Cambiamos a unas
croquetas que vinieron rápidas pero ¡congeladas por dentro!. El
camarero se deshacía en excusas y nos las cambiaron por otras. La
sensación que nos quedó es que había poco personal (también al
día siguiente cuando el parador estaba completamente lleno). Luego
el arroz con rape, alcachofas y gamba estaba bueno y el postre de
helado de queso también. Finalmente el camarero nos obsequió con
unos chupitos para disculpar los fallos que habían ocurrido.
El
desayuno contaba con todo lo habitual de paradores a pesar de que
fuimos a última hora. Lo que sí que se notaba era la falta
de personal
que no podía atender a todas las mesas. Este es un punto que
deberían cuidar un poquito más.
Los
servicios característicos de prensa, internet, etc. A destacar la
piscina, aunque para nuestro gusto algo ruidosa porque se oyen los
vehículos que pasan por la carretera y a un par de ingleses
borrachuzos que nos fastidiaron la siesta. Tienen servicio de
toallas.
Por
último, el entorno de Jávea ha dejado sensaciones diferentes. Yo lo
conozco bastante bien, pero a la friend le defraudó un poco. Hay que
tener en cuenta que estuvimos muy poco tiempo y no llegamos a
recorrer lo verdaderamente interesante de esta zona: el cabo de San
Antonio, el Montgó y las calas de la zona del cabo de la Nao que no
tienen nada que envidiar a Ibiza o la Costa Brava.
Concluyendo,
que me he enrollado bastante, es el típico parador de costa, antiguo
pero remodelado no hace mucho tiempo, en una zona muy turística,
pero que conserva algunas calas paradisíacas. Mejor visitarlo fuera
de temporada (mayo, septiembre) y evitar agobios.


1 comentario:
Lo del barco me interesa!
Buenas notas pese a los comentarios... Se nota el tratamiento antiestrés...
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