
Puntuaciones
Accesos: 3
Aparcamiento: 9
Edificio: 8
Entorno: 10
Habitaciones: 9
Restaurante:
Cafetería: 8
Desayuno: 9
Atención: 9
Servicios: 7
Una nueva estancia en el parador de Limpias, esta vez aprovechando un minipuente. Para nosotros el principal atractivo, que no único, de este parador es su entorno, especialmente las marismas de Santoña y la Chata, que por sí solo ya justifican la visita.
El parador se encuentra en las afueras de Limpias, en un bonito palacio cúbico del siglo XX rodeado por unos preciosos jardines que cuentan con una piscina al aire libre y pista de tenis. Sin ser uno de los paradores que más destaca por su arquitectura, es agradable la sensación de estar en medio de un jardín y el edificio es cómodo, con todo a la mano.
El acceso hasta el parador es fácil desde la autopista y desde Brugos por la nacional, pero una vez dentro se complica la cosa: o bien dejas el coche en el parking de abajo (que está bastante lejos para ir con maletas) o lo subes al aparcamiento superior y debes dejarlo mal aparcado o en doble fila (y eso es algo que me estresa) para ir hasta la recepción y hacer el ingreso. Creo que se podría solucionar reservando un par de huecos en el aparcamiento superior para la llegada y salida de los clientes. Desde el parking hay que subir unos escalones hasta la recepción o acceder por una puerta de servicio lateral si llevas mucho equipaje (suele ser nuestro caso). Hay también un garaje (solicitar plaza en recepción) bastante amplio, no hemos tenido problemas ni en verano para poder dejar el coche.
En recepción la atención es rápida, amable y se ofrece la ayuda con las maletas. Buenas explicaciones del parador y de los servicios disponibles. El personal siempre nos ha dado sensación de profesional y atento.
En este viaje reservamos una doble superior, la 317. Muuuuuy grande, sobre 35 m2 con sofá-cama y dos silloncitos de lectura en el mirador. Realmente una buena habitación. Lástima que la señal de internet sea un tanto fallona, es otro de los defectos de este parador.
Nuevamente como circle recibimos una botella de agua, unos dulces (industriales), pero menos de lo recibido en otros paradores.
El desayuno nos gustó, clásico de paradores, pero con una bollería superior a otros y productos de la zona muy buenos: quesada, anchoas, sobaos. Echamos en falta (no solo en este parador) mermeladas y mantequillas naturales. La cafetería la utilizamos poco, pero de anteriores esancias tenemos un buen recuerdo.
El restaurante no lo podemos valorar. Es algo lógico si tenemos en cuenta que a media hora se encuentra uno de los templos gastronómicos de este país en materia de pescado: la Chata de Isla. Esta vez cayeron un sublime rodaballo y un sargo exquisito. Solo esto ya justifica la visita a la zona. Si se le añaden las marismas de Santoña y Noja donde pudimos ver un buen número de especies interesantes, la playa o las cuevas de la zona del Asón, el entorno se convierte en fantástico atractivo para repetir año tras año.
1 comentario:
Quiero fotos de la habitación!!!
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