Accesos: 7 (por lo de la habitación)
Aparcamiento: 9
Edificio: 7
Entorno: 9
Habitaciones: 8
Restaurante: 8
Cafetería: 8
Desayuno: 9
Atención: 9
Servicios: 9
Volvimos al parador de Lerma después de la buena impresión que nos dio en una noche que pasamos allí este verano, de camino a Cantabria. Como dijo Grison, “la primera impresión sólo se causa una vez” y, en este caso, ha valido la pena volver para confirmarla.
El parador se encuentra en lo alto de la villa, en el palacio que mandó construir el duque de Lerma, valido de Felipe III, al principio del siglo XVII. El acceso al parador y el aparcamiento en la plaza se hacen con facilidad. Además cuenta con un parking de dos plantas en el que también pudimos dejar las bicis.
Una vez dentro del parador, el servicio en recepción es bueno: te acompañan a la habitación y se ofrecen para ayudarte con el equipaje. Este es un punto que se agradece, sobre todo si viajas con muchos trastos (como es habitual en nosotros) y teniendo en cuenta que no se puede acceder directamente por ascensor desde el parking a alguna habitación: se ha de hacer un transbordo a través del patio central cubierto. Además, para los clientes había un caldo casero reparador muy rico. Recomiendan reservar para el restaurante y es conveniente hacerlo.
La habitación fue la 207, una doble superior que está en una esquina posterior del palacio con vistas al río Arlanza. Es amplia, bien iluminada y climatizada, con una cómoda cama de matrimonio. Algún ruido de alguna tubería o de pasos en el piso superior (nada importante). La señal de internet llega perfectamente.

Arquitectónicamente el parador se organiza alrededor de un bonito patio renacentista abierto al público con sofás y mesas de cafetería. Es un buen lugar para tomar una copa después de comer si no te apetece subir a la habitación, aunque en las horas de máxima afluencia no es muy tranquilo, sin llegar a agobiar. El parador no tiene mucho que visitar.
De la cafetería y el restaurante destacaría la amabilidad del servicio y el lechazo al horno, que algunos consideramos entre los mejores corderos del mundo. También las morcillas, el pescado más que aceptable. Lo más flojo de la carta son los postres.
El desayuno abundante, variado, con buena reposición de los productos. Hay un comedor pequeño fuera y otro más grande y con vistas dentro. Si el tiempo lo permite se puede desayunar en la terraza.
Lerma y el entorno dan para una visita de varios días. Burgos, Atapuerca, el monasterio de Silos, Aranda de Duero, el desfiladero de la Yecla están apenas a media hora del parador. Algo más lejos, pero accesible el cañón del río Lobos, las Hoces del Duratón, Burgo de Osma …
En resumen, una buena base para un par de días o tres y visitar los alrededores, comer bien, vaguear vagamente … con la calidad propia de paradores.
2 comentarios:
El único problema que le veo yo a este blog, es la envidiaca que da leer las reseñas y las ganas de irse y olvidarse del trabajo.
Madre mía, ya he visto la foto! Pero que les dieron de comer por dios! Estos no aguantan ni 5 minutos en Povedilla! Esta foto es de traca!
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