Puntuación
Accesos: 7
Aparcamiento:7
Edificio: 9
Entorno: 7
Habitaciones: 7
Restaurante: 7
Cafetería: 7
Desayuno: 7
Atención: 7
Servicios: 6
Tres días en Santo Estevo. Agosto 2011
Llegar a Santo Estevo y su monasterio impresiona. Impresiona sí, pero no solo por su grandiosidad sino también, y desgraciadamente, por su cementerio. Sí, un cementerio justo a la entrada del Parador. Algo tétrico.
Llegar a Santo Estevo y su monasterio impresiona. Impresiona sí, pero no solo por su grandiosidad sino también, y desgraciadamente, por su cementerio. Sí, un cementerio justo a la entrada del Parador. Algo tétrico.
Gracias a la información facilitada por el Parador llegamos al hotel a través de Orense pasando muy cerca de la estación de tren. El camino alternativo que es el más común y turístico (es el que marca el gps) en dirección a Monforte de Lemos, también es el camino que más posibilidades te da de engrosar el cementerio de la entrada al Monasterio. Por deseos del azar y mi torpeza al conducir, experimentamos las dos rutas y, créannos, el cámino hacia Monforte y luego la subida a Santo Estevo es una localización perfecta para una buena novela de Bram Stoker.
Al llegar a la zona de entrada nos encontramos con hordas de gente, lo cual te hace dudar de si realmente este era el lugar donde íbamos a rodearnos de paz y sosiego al lado del Sil.
¿Y dónde aparcamos? En el aparcamiento exterior es imposible, por la hora y por la afluencia de turistas. Claro, en ese momento, no sabíamos que eran turistas de paso y no huéspedes. Así que nos informan en recepción de que existe un parking subterráneo público gratuito de entrada única, y que cuenta con un semáforo para dejar salir y entrar. Como es gratuito cada uno deja su vehículo donde le parece, así que hay que bajar alguna planta para encontrar una plaza entera sin mancillar. Tanto el parking exterior como el subterráneo ganan plazas libres en las horas iniciales y finales del día.
La habitación. Nos dan una habitación que para acceder a ella tenemos que subir dos tramos estrechos de escalones tras salir del ascensor. Es decir, que el equipaje se tiene que subir a mano por esas escaleras tan estrechas. ¡Un torreón!, nos dicen; ¡Qué vistas tan impresionantes...!, pensamos nosotros. Una vez dentro comprobamos con gran decepción que nuestras vistas son: el cementerio y el parking.
La ducha es especial. No tiene manguera y alcachofa móvil, sino que se trata de un plato fijo en medio de la bañera. Personalmente prefiero la manguerita, pero Anita prefiere el sistema de esta habitación. Teniendo este Parador una parte de Spa, cabría esperar un mayor despliegue en este sentido acuático.
Por lo demás era una habitación estándar de matrimonio. Sin ruidos, cómoda, no demasiado grande.
En la recepción nos advierten de que si queremos cenar en el restaurante debemos reservar de inmediato, y así lo hacemos. Era nuestra primera (y última, de momento) experiencia en un restaurante de Paradores. Pero estábamos muy cansados para cenar a lo grande, así que pedimos unos entrantes. Sin embargo, pudimos observar que el restaurante es muy bonito y que el servicio es muy eficiente y amable.
Sin duda lo más espectacular del Parador, a parte de sus vistas aéreas, son sus claustros; principalmente el central. El que primero se ve cuando se llega y en torno al cual se hace vida en el Hotel.
Justo al final de este paseo de madera se llega a la cafetería. Y desde dentro de ésta se puede acceder a los exteriores antiguos del Monasterio; que permiten un paseo muy agradable y relajante entre varías especies de árboles. De la cafetería, como en el Parador de Limpias, nos llevamos un magnífico recuerdo, por trato, servicio y ambiente. No puedo olvidar ese Gin Tonic, ni Anita puede olvidar esa infusión fuera de carta que casi saca loco al camarero.
La hora del desayuno es hora punta. Al igual que en el restaurante la noche anterior, nos dimos cuenta del elevado número de huéspedes que alojaba el Parador en esas fechas. Esto hace que muchos productos desaparezcan rápido y que haya que hacer colas para hacerse las tostadas. La variedad y calidad de los productos es correcta, si bien se echa en falta más cantidad de producto autóctono. Como en todos los Paradores, tanto los visitados como los que están por visitar, el precio del desayuno me parece excesivo.
Visitar el Monasterio es una actividad entretenida, y nosotros tuvimos la suerte de poder ver una exposición algo extraña de fotografía de lugareños y de máquinas afiladoras. También te ofrecen actividades como visitar la Ribera Sacra y sus Monasterios, dar una vuelta en barco por el Sil, y otras. Pero nosotros estábamos algo vagos y nos decidimos por visitar capitales como Lugo, Orense y Santiago. Pulpo, zanburiñas, grelos. Y una sensación de sorpresa, especialmente al visitar Lugo y Orense.
Los empleados son amables, sobre todo los estudiantes, que se desviven por cualquier cosa que les pides o preguntas. En recepción te pueden buscar información por internet ya que ese servicio no funciona como debería en el Parador, ni el ordenador que tienen fijo ni la supuesta wifi.
El servicio de prensa tampoco destaca precisamente, de hecho, no conseguí ver disponible ningún diario que no fuera local.
En general, y siendo nuestro segundo Parador visitado, Santo Estevo parece responder a los criterios de calidad de la red de Paradores, pero en ciertos aspectos nos decepcionó. Por eso este blog puede ser tan efectivo; buscábamos tranquilidad en medio de la naturaleza y no encontramos esto exactamente. Aquel que busque visitar la Ribera Sacra y los cañones del Sil, acertará con este destino; también le hará falta valor y determinación al volante. En todo caso, el Monasterio donde se ubica el Parador es, como decía al inicio, impresionante y su visita no te deja indiferente. Al marchar, mientras observas la tremenda planta del edificio en la lejanía, una extraña sensación de alivio y melancolía se apodera de ti.
Reseña finalizada el 2 de Noviembre de 2011.
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